Concepto de historia original
El estudiante transferido del país de los colosos
Empezar a leer →Título original: 巨兽之国的转校生
El estudiante de secundaria Kanzaki Eiji se queda dormido en el tren. Al despertar, al otro lado de la ventanilla se alza un rascacielos que las bestias colosales usan como peldaño. Aquí la gente construye sus ciudades entre los lomos de las bestias y trata el valor como una norma de tráfico. Conoce a Roki, una lancera en pleno entrenamiento especial, y a un instructor con cuerpo de oso. Eiji solo trajo de casa un paraguas plegable… hasta que de sus varillas brota una hoja que no pertenece a este mundo.
Ficción original. Los personajes y los hechos son inventados.
Edición: Huangguo Drama · Actualizado:
Historias
Prólogo: El tren pasa junto al tobillo del coloso
Cuando el tren cruzaba el puente, Eiji Kanzaki se quedó dormido.
Al abrir los ojos de nuevo, al otro lado de la ventanilla no había un río, sino un pie. La uña era más ancha que el andén, y entre el barro incrustado seguía encendida una guagua con las luces puestas.
La megafonía anunció con voz muy serena: «Próxima estación, Tobillo Oeste. Los pasajeros con destino a la Espina de la Bestia, transborden al elevador de nubes.»
Eiji miró su abono mensual. El abono seguía allí; el mundo ya había cambiado todos los nombres de las estaciones.Capítulo 1: El alumno de intercambio no tiene expediente
Los trámites de traslado se hacían en un colegio construido sobre la espina de la bestia. La profesora de secretaría examinó su carné de estudiante y frunció el ceño: «Este sistema de expedientes lo dejamos de usar hace ciento veinte años.»
«Yo acabo de llegar hoy.»
«Entonces eres un alumno de intercambio.» La profesora estampó un sello enorme. «El País de los Colosos te da la bienvenida. No distraigas a las crías durante las clases: toman el aula por un juguete.»
Fuera de la ventana, un ojo pasó detrás de las nubes, y en la pupila se reflejaba la ciudad entera. Por primera vez Eiji entendió qué significaba que «la densidad de población esté escrita en la retina de otro».Capítulo 2: El filo dentro del paraguas
El paraguas plegable era el único equipaje que había traído de casa. Cuando llovía, lo abría por costumbre; las varillas emitieron un «clac» y extrajeron un tramo de filo plateado que partió a la vez la lluvia y a una cría que se asomaba: la lluvia quedó en dos mitades, y la cría solo retrocedió asustada, con un rasguño superficial en la punta del hocico.
«Portas un filo.» La lancera Roki saltó desde el tejado y apoyó la punta de su lanza en el mango del paraguas. «Portar un filo sin licencia significa ir al campamento de adiestramiento especial.»
«Es un paraguas.»
«Aquí, todo lo que puede partir la lluvia es un filo.» Roki le miró a los ojos. «Ven conmigo. Al instructor le gustan los alumnos de intercambio nuevos, como le gustan los escudos nuevos.»Capítulo 3: El adiestramiento especial de Roki
El campamento de adiestramiento especial se alzaba a la sombra del omóplato del coloso. El instructor tenía complexión de oso, pero hablaba muy despacio: «Primera orden del mundo: seguir vivo. Segunda: hacer que quien está a tu lado también siga vivo. Tercera: un paraguas también puede ser una espada.»
A Eiji lo tiraron sobre la colchoneta dieciséis veces. A la decimoséptima abrió el paraguas y el filo detuvo la lanza de Roki. Las chispas cayeron sobre la piel del omóplato, y al coloso le picó tanto que sacudió la ciudad con suavidad.
A lo lejos, los edificios se reordenaban como piezas de construcción. Roki retiró la lanza y, por primera vez, sonrió: «Alumno de intercambio, parece que tu expediente va a quedarse.»
Eiji, tumbado en la colchoneta, miraba el cielo. El cielo eran las arrugas de la bestia. De pronto le entraron ganas de mandar un mensaje a su mundo de antes: el tren va con retraso, y no tiene estación terminal.Capítulo 1: La estación pisoteada
El día en que la estación quedó pisoteada, los elevadores de nubes cayeron como lluvia.
Eiji puso el filo del paraguas en horizontal delante de la multitud; la lanza de Roki trazó, más arriba, una línea de seguridad. El instructor empujó con el hombro el dedo del coloso, como si razonara con una montaña.
«De la huella nacerán calles nuevas», gritó alguien.
Y así fue: el hormigón y la hierba verde volvieron a tenderse a lo largo de las hendiduras entre los dedos, y los puestos ambulantes empezaron a pregonar cuando el barro aún no se había secado. Eiji lo contemplaba todo y, de pronto, comprendió por qué aquel país había logrado sobrevivir hasta ahora: trataban la catástrofe como una renovación urbana.Capítulo 2: La calle nueva
La calle nueva quiso llamarse con el nombre de Eiji. Él lo rechazó, y al final quedó como «Callejón del Paraguas».
Roki le prendió en el mango del paraguas una insignia del campamento de adiestramiento especial: «El alumno de intercambio pasa a ser titular. La próxima vez que vengan las crías, tú cubres la primera fila.»
Eiji asintió. El abono mensual, en el bolsillo, se volvió transparente, como si ya hubiera cumplido su trabajo de reliquia.
El tren seguía haciendo parada en Tobillo Oeste. La megafonía continuaba serena: «Pasajeros con destino a la Espina de la Bestia, aférrense a su valor.»
Otros dramas
No hay dramas del mismo género para esta historia. Estos son otros dramas del sitio, no una adaptación de ella.