Concepto de historia original
La muchacha
Empezar a leer →Título original: 少女
# La muchacha ## Testamento Todos los niños del mundo deberían fabricarse en una probeta. Bastaría con usar los óvulos y el esperma de esos elegidos del cielo para engendrar seres humanos excelentes. Si eso no pudiera lograrse, habría que conformarse con lo segundo mejor: que todos los niños crecieran hasta la edad adulta en un orfanato del Estado o en algún lugar semejante. Todos vestirían la misma ropa, comerían los mismos platos, vivirían en las mismas habitaciones, recibirían la misma educación y tendrían los mismos padres… vivirían en la igualdad…
Ficción original. Los personajes y los hechos son inventados.
Edición: Huangguo Drama · Actualizado:
Historias
## Nota de despedida
Edición taiwanesa. Reproducido de Niku (makeinu.weclub.info)
Todos los niños del mundo deberían fabricarse en probetas.
Bastaría con usar los óvulos y los espermatozoides de esos elegidos del cielo para producir seres humanos excelentes.
Si eso no fuera posible, la segunda mejor opción sería que todos los niños crecieran en orfanatos del Estado o lugares semejantes. Que vistieran la misma ropa, comieran la misma comida, vivieran en las mismas habitaciones, recibieran la misma educación, tuvieran los mismos padres… Que vivieran en un entorno de igualdad.
En un entorno así, si aun así alguien, por no ser inteligente o no esforzarse, quedara el último de la clase y fuera despreciado, o si por tener un carácter retorcido acabara marginado, ya no habría nada que decir.
Tanto en los estudios como en el deporte, me esforzaba muchísimo en privado. Aunque leía muchos libros, escuchaba mucha música y no dejaba de hojear revistas de moda, jamás presumía ni me jactaba delante de los demás.
En una ciudad de provincias donde no hay demasiadas opciones, mantener un nivel alto sin ceder ante una misma no es fácil. Aun así, no dejé de esforzarme, hasta hoy.
Aunque me marginaran, no abandoné el esfuerzo.
El suicidio es una declaración de derrota; jamás haría algo tan vergonzoso. Me lo repetía una y otra vez y, sin rebajarme ni envanecerme, aguanté hasta ahora con una actitud positiva.
Porque esta situación no la provoqué yo; no es culpa mía. Algún día podría liberarme.
——Llegué a creerlo con absoluta certeza.
**
No lo entiendo.
¿Antes de suicidarse todo el mundo tiene que escribir en el blog una nota de despedida tan incomprensible? Si fuera yo, por mucho que…
## Capítulo primero
17 de julio (viernes)
*
——La incomodidad es extrema; esto es, sencillamente, el infierno.
Aunque se trata de un instituto público femenino, salvo el despacho del profesorado y el comedor, en ningún otro sitio hay aire acondicionado. Eso afecta a la salud, ¿no? Con las cortinas gruesas echadas, el gimnasio, donde se reúnen los trescientos sesenta alumnos de todo el centro, parece un sauna. Y, encima, se mezclan los olores de todo tipo de desodorantes corporales y flota un hedor parecido al de esos ambientadores industriales que ponen en los baños públicos.
Sentarse dos horas en un sitio así es un auténtico suplicio.
Tras los dos días del fin de semana, empiezan las vacaciones de verano.
Hoy solo hay clase por la mañana, pero antes que venir a este aburrido acto de rutina, mejor haber empezado las vacaciones cuanto antes. En primero todavía pensaba que, si el colegio lo mandaba, no quedaba más remedio que obedecer. Al pasar a segundo, me pareció una estupidez recorrer a propósito treinta minutos de ida solo para venir al instituto.
En cualquier caso, al menos es mejor que ayer. Ayer, bajo un sol abrasador, se celebró en el patio el torneo de sóftbol entre clases.
Varias alumnas sufrieron un golpe de calor; hasta la enfermera de la enfermería se desmayó. Yo hacía de socorrista y solo podía ponerles en la cara, como medida de urgencia, toallas empapadas en agua con hielo a las compañeras tendidas a la sombra de los árboles…
¿Quieres matarme para quedarte con mi dinero?! ¿Acaso soy una anciana postrada en la cama?! ¿Eres la nuera malvada?!
Las compañeras con insolación no paraban de insultarme. Aunque yo ya había comprobado con un experimento que ese método no sirve para quitarle la vida a alguien con facilidad.
Hoy es la sesión de cine sobre derechos humanos.
¿Qué película merece que todas las alumnas del instituto, aunque…
## Capítulo segundo
27 de julio (lunes)
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Por fin lo veo.
La residencia de ancianos «Ciudad de Plata». Este edificio de paredes blancas y tejado rojo, con aire de cuento, se terminó el año pasado; parece un castillo surgido en el bosque de un mundo de hadas.
Recuerdo que, entre las compañeras de clase a las que les gusta salir, alguien dijo: «Yo creía que aquello era un motel y resulta que es una residencia de ancianos». A lo mejor se refería a este sitio.
Lo que no esperaba es que el camino fuera tan largo.
Aunque son vacaciones de verano, me levanté a las siete como siempre y salí de casa a las ocho. Siete minutos a pie hasta la estación, veinte en tren, y luego veinte más en el autobús que sale delante de la estación; desde la parada al pie de la montaña subí por un camino sin asfaltar hasta media ladera.
Aunque no hay uniforme obligatorio, al fin y al cabo es una clase de recuperación, así que metí el chándal en la bolsa y vine con el uniforme. Quizá no debería haber llevado zapatos de piel.
En el mapa que me dio el instituto pone: «Diez minutos a pie desde la parada», pero yo ya llevo veinte caminando.
¿Será que camino más despacio que los demás? Yuki nunca se ha quejado de que vaya lenta cuando vamos o volvemos del instituto… Supongo que los folletos de la residencia y cosas así suelen acortar la distancia a propósito para dar la impresión de que se llega fácil.
Si lo hubiera sabido, le habría pedido a Yuki que viniera conmigo…
Sola, está claro que no puedo. Quiero volver a casa, pero…
Tengo la boca seca, y alrededor no hay nada: ni un konbini, ni una máquina expendedora, ni siquiera una tiendecita discreta. Hasta yo, que soy una adolescente, subo resoplando; esas personas que ya tienen un pie en el ata…
## Capítulo tercero
28 de julio (martes)
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Ya no puedo más; en un sitio así no aguanto. Eso de «el lugar más cercano al cielo»: hoy mismo me despido de aquí.
Al principio fue bastante bien.
Me puse el chándal, las zapatillas de suela gruesa, salí de casa con el termo de té de cebada con hielo y, del autobús a la residencia, el camino ni siquiera me pareció pesado. Dentro huele mal, pero sé que a los cinco minutos una se acostumbra, así que no le di importancia.
No esperaba que, con solo media jornada de trabajo, estuviera a punto de morir de cansancio.
Desde primera hora fregué con el señor, con la fregona, los pasillos y las escaleras del edificio; después, con un trapo, las mosquiteras y las estanterías de la pared. Cuando por fin todo relucía, resulta que el pasillo y la escalera volvían a estar llenos de polvo. No me quedó más remedio que fregarlos otra vez.
Y, en un abrir y cerrar de ojos, ya era mediodía. La culpa es del señor; yo solo hacía lo que me indicaba.
No solo tengo el cuerpo agotado: también el ánimo. Y eso también es culpa suya.
¿A qué viene esa actitud?
Al verlo con la fregona dispuesto a limpiar un sitio que yo ya había fregado, se lo indiqué con toda la delicadeza: «Señor Takao, eso ya lo he pasado yo». Él solo puso cara seria y dijo: «Perdón». Pero si por descuido molesta a los ancianos —por ejemplo, si tira un bastón de una patada o derrama el agua del cubo—, se arrodilla de forma exagerada, toca el suelo con la frente y dice: «¡Ay, ay! He vuelto a equivocarme. Señor, le ruego que me perdone~».
Si solo fuera eso, pensaría que trata a estos ancianos como a un importante sustent…
## Capítulo cuarto
1 de agosto (sábado)
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Tenemos que pegar la caligrafía y los dibujos de los ancianos en el tablón del pasillo de la tercera planta. El señor se encarga de la parte de arriba; yo, de la de abajo.
Desde que vi el aviso de asesinato, empecé a fijarme en el señor. Trabajando, comiendo o descansando, cada vez que vuelvo en mí me descubro mirándolo. De tanto hacerlo, me preguntó tres veces: «¿He vuelto a hacer algo mal?».
Yo siempre me hacía la tonta y le devolvía la pregunta: «¿Eh? ¿Qué has dicho?». Pero que, al notar que una chica lo mira, lo primero que se le ocurra sea que él ha hecho algo mal resulta demasiado triste. En el tren, si alguien le pisa el pie, seguro que también pide perdón.
Hace poco vi en la tele a una pitonisa famosa que decía que en el mundo hay dos clases de personas: las que tienen suerte y las que no. El señor debe de pertenecer a las que no; yo, por supuesto, tampoco soy una excepción.
Aunque se esfuerza en hacer bien cada tarea, acaba molestando a los demás; al colocar las sillas de tubo se pilla los dedos; y, por mucho que llame a los ancianos «señor~» con exageración para animar el ambiente, lo único que consigue es volverlo más incómodo.
Hace un momento se le cayeron todas las chinchetas al suelo. Me resulta un poco insoportable, pero lo que más me duele es poder predecir lo que va a hacer después.
«Ay, perdón, perdón, perdón…»
El señor lo dice de forma exagerada y se apresura a recoger las chinchetas, sin darse cuenta en absoluto de que la caja está llena de pelos y polvo. No lo hace a propósito, aunque desde luego no es cuidadoso,…
## Capítulo quinto
4 de agosto (martes)
*
Hace poco conocí al padre del pequeño Subaru; debe de ser el empleado de la residencia que salvó a la abuela. Al oír el nombre de «Ciudad de Plata» caí en que el apellido «Takao» que me dijo Nikuman es el mismo que vi en la chapa del pecho de aquel señor. Menuda vuelta he dado.
Pero no consigo recordar en absoluto qué cara tenía. Incluso después de saber la verdad, me cuesta relacionar a ese señor de rasgos anodinos con el apuesto Subaru Gonomiya; la madre de Subaru tiene que ser una belleza extraordinaria.
Cuando supe en el pasillo del hospital que la abuela se había salvado, el golpe fue enorme y deseé de verdad que aquel señor se muriera. Si entonces hubiera tenido tiempo, seguro que habría pensado en cómo tenderle una trampa a ese entrometido que además se daba aires. Pero ahora no siento nada de eso; al contrario, le estoy agradecida por haber salvado a la abuela.
Aquella noche, a solas y con la cabeza fría, pensé: si la abuela se hubiera atragantado con el mochi que llevó Fujioka y hubiera muerto, ¿cómo me habría sentido? Al principio quizá alegre, pero, con el paso del tiempo, es posible que el remordimiento hubiera ido subiendo poco a poco.
Por muy estricta que fuera la abuela como profesora, quienes más sufrimos fuimos nosotros, la familia: papá, mamá y yo, bajo el mismo techo. Si la hubiera matado Fujioka, un desconocido al que yo nunca había visto, y se hubiera muerto así, sin más, ¿cómo iba a desahogar el rencor que llevo aguantando hasta ahora?
Además, si Fujioka hubiera sido en su día un alumno obediente, quizá yo no habría tenido que soportar aquellos tormentos. Al pensarlo, ya no deseo…
## Capítulo final
1 de septiembre (martes)
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Se acabaron las vacaciones de verano. Hoy solo hay clase por la mañana; a partir de mañana empiezan las clases de verdad, las seis horas completas. Habría que haber trasladado aquí los días de antes de las vacaciones, para ir acostumbrándose poco a poco.
He quedado con Atsuko para ir al cine por la tarde y, después de la película, a comer tarta, así que a mediodía picamos algo en el comedor. Shiori, a la que no veía desde hacía cuarenta días, come con nosotras.
Yo iba a ponerme a la cola del curry cuando Atsuko me arrastró a comprar el gratinado de hamburguesa; además, llevaba una bandeja en cada mano y me llevó la mía hasta el asiento por propia iniciativa.
Más que el hecho de que se diera cuenta de que yo no podía con la bandeja, me sorprendió que fuera capaz de sostener con una sola mano la bandeja con el plato de gratinado, y encima con las dos a la vez. Siempre había pensado que Atsuko se preocupaba por cosas innecesarias; quizá yo también llevaba todo este tiempo huyendo.
Es la primera vez que como el gratinado de hamburguesa del comedor y está mejor de lo que imaginaba. La estación que viene es aún más apropiada para los gratinados; en casa llenaré una botella de plástico con arena y entrenaré bien la fuerza de la mano derecha.
«¿Qué tal las vacaciones?»
Cuando terminamos de comer y todas se retocaban el pintalabios, Shiori nos lo preguntó.
«Nada especial, de lo más normal. ¿Verdad?» Miré a Atsuko.
«Sí. Nosotras no viajamos ni fuimos de compras. ¿Y tú, Shiori? ¿No estuviste todo el tiempo en casa de tus parientes? Qué envidia poder ir a Tokio. ¿Había muchas tiendas a la última?»
«No fue tan bien como imaginaba, pero al menos compré lo que quería…»
## Nota de despedida · Continuación
Me acordé de Seira.
Creía que su muerte me haría cargar toda la vida con una tristeza abrumadora, pero, cuando la desgracia cayó sobre mí, comprendí de verdad que aquello era cosa de otra persona.
Mi vida se hundió en el abismo en un solo día; no: en un abrir y cerrar de ojos. Aunque viva igual que siempre, aunque no haga nada malo, lo que tiene que llegar no se puede esquivar.
La culpa de todo es de mi padre. De ese padre idiota.
El mes pasado lo detuvieron por haber coaccionado este verano a una estudiante de bachillerato para cometer actos obscenos.
La estudiante afectada al principio no quería hacerlo público y le pidió a mi padre cien mil yenes para llegar a un acuerdo. Él se negó a pagar y entonces ella denunció a la policía.
El periódico publicó el nombre de mi padre. Cuando delinque un menor, para proteger su futuro no se divulga el nombre; cuando delinquen los padres, aunque en casa haya hijos menores, el nombre sí se publica.
Los hijos del culpable son inocentes. ¿Es que no hay ninguna ley que los proteja?
Aunque el nombre de mi padre no es raro en esta zona, en menos de tres días todas las compañeras del instituto supieron que el delincuente del periódico era mi padre. Y, al mismo tiempo, empezaron a marginarme.
Primero me ignoraron; después vino el acoso insidioso.
Me metieron varias prendas de ropa interior en el pupitre y en la taquilla. Al cruzarse conmigo, susurraban «pervertida». Cuando, por la humillación, fruncía el ceño, las que esperaban el espectáculo estallaban en carcajadas.
Y y A no se podían llamar amigas mías, pero cuando acababa de trasladarme a este instituto andábamos bastante juntas. Ellas también…
Otros dramas
No hay dramas del mismo género para esta historia. Estos son otros dramas del sitio, no una adaptación de ella.