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Ye Qiansui era una prodigio de las artes marciales, pero a los ocho años su propio padre, Ye Gucheng, le extrajo en persona el «Hueso Espiritual Supremo», y desde entonces quedó reducida a una borracha buena para nada, incapaz de superar el reino del Dantian. Disfrazada de hombre, vagó por el mundo marcial; su identidad oculta, el «Asura de Rostro de Jade», estremeció el mundo, y aun así dejó que su madrastra la arruinara con halagos y que su hermanastro la humillara. No fue hasta el gran torneo del Salón Marcial de Yuncheng cuando, casi de pasada, instruyó a la doncella que barría, Xiao Ju, y la muchacha, de un escobazo, derribó al joven señor de la familia Xu, que había venido a destrozar el salón. Al ver a su anciano padre con la vida pendiente de un hilo, Qiansui atacó con fiereza y, de una sola palma, estampó contra el suelo a Xu Henian, del reino de Gran Maestro, mientras Viuda Negra, maestra del Ranking Celestial, se arrodillaba en público y suplicaba convertirse en su discípula. Entonces salió la verdad: la extracción del hueso, años atrás, había sido el acto desesperado de su padre para salvarle la vida. Para hacerse con una medicina divina y salvar a su padre, Qiansui encabezó un equipo en el gran torneo de la Región del Norte, y allí, sin pretenderlo, destapó un secreto estremecedor: el «hermano menor» Ye Wushuang, soberbio durante veinte años, era el bastardo nacido del amorío de su madrastra con el hermano mayor de su padre. Cuando estalló la batalla final en el Palacio Kunlun, Qiansui no solo despertó el Hueso del Tesoro Supremo que su madre le había dejado, sino que descubrió que Shen Lang, líder de la alianza marcial, quien la había buscado con amargura durante tres años, era el muchacho al que una vez había salvado por capricho...